pedro páramo y el llano en llamas.

todo el mundo me hablaba siempre de pedro páramo y el llano en llamas, de juan rulfo.

la descripción de rulfo que tengo creada en mi cabeza a través de esas charlas es la de un mexicano de jalisco que escribía increíble. un personaje que solo había dejado dos libros tras de sí y había logrado ser incluido dentro del realismo mágico latinoamericano.

pero había algo que me distanciaba. el nombre de la obra, para empezar, nunca logró captar mi atención. pedro páramo. y el nombre del autor, tampoco. juan rulfo.

un domingo llego a la casa de unos amigos y empezamos a hablar de bolaño, pero lentamente la conversación va transformándose hacia pedro páramo. admito que no lo leí y uno de los chavos que vive en la casa se levanta y se mete en su habitación durante unos minutos. al rato vuelve con una vieja edición de bolsillo del libro, que incluye, además, el llano en llamas. me lo presta y me dice que lo lea, que después hablamos.

más tarde encuentro esta situación muy similar:


“álvaro mutis subió a grandes zancadas los siete pisos de mi casa con un paquete de libros, separó del montón el más pequeño y corto, y me dijo muerto de risa: ¡lea esa vaina, carajo, para que aprenda! Era pedro páramo. aquella noche no pude dormir mientras no terminé la segunda lectura. nunca, desde la noche tremenda en que leí la metamorfosis de kafka en una lúgubre pensión de estudiantes de bogotá — casi diez años atrás— había sufrido una conmoción semejante.”

(gabriel garcía márquez)


pedro páramo es un libro con una fuerza intrínseca tan grande que resulta asfixiante para el lector en ciertos pasajes. la premisa es la de un hombre que vuelve al pueblo donde nació a buscar a su padre, por un pedido de su madre en el lecho de muerte.



“- no vayas a pedirle nada. exígele lo nuestro. lo que estuvo obligado a darme y nunca me dio… el olvido en que nos tuvo, mi hijo, cóbraselo caro.”



el libro es una descripción exacta, detalle a detalle, de la vida de un pueblo en méxico. no por la minuciosidad de la descripción, sino por la anunciación de hechos de manera simple y directa, englobando mucho más. como por ejemplo el hijo de pedro diciéndole a las chicas al oído mientras se las viola que no lloren, que el hijo les va a salir güerito. la fuerza de lo que sucede, está, no en la escritura llana y dura, sino en la rudeza de lo que narra.

rulfo estuvo mal relacionado con el realismo mágico. en la literatura de rulfo la muerte juega un papel tan importante como lo hace en méxico. es algo que se platica, que se ve, que se susurra y festeja. los aparecidos no son elementos fantásticos sino reales. los muertos pertenecen a otro mundo, que converge muy a menudo con el de los vivos.

junto con el llano en llamas el retrato de esos pueblos, de esa gente, del hambre, el calor, las batallas, los bandos, las milpas, entre otras cosas, resulta completo. rulfo logra un entendimiento perfecto de sus personajes y su contexto, con la posibilidad de verlo con la voz de un narrador elocuente, como los que aparecen en los cuentos del llano.

rulfo se reconoce en sus relatos escuchando y recibiendo la información para luego transcribirla. por eso su lenguaje no es rebuscado o entreverado, tiene la voz de sus personajes. y eso es lo mejor de rulfo.


dentro del libro resalté varios pasajes, de los que luego seleccioné los siguientes.


vi pasar las carretas. los bueyes moviéndose despacio. el crujir de las piedras bajo las ruedas. los hombres como si vinieran dormidos.

...todas las madrugadas el pueblo tiembla con el paso de las carretas. llegan de todas partes, copeteadas de salitre, de mazorcas, de yerba de pará. rechinan sus ruedas haciendo vibrar las ventanas, despetando a la gente. es la misma hora en que se abren los hornos y huele a pan recién horenado. y de pronto puede tronar el cielo. caer la lluvia. puede venir la primavera. allá te acostrumbrarás a los “derrepentes” mi hijo.”

carretas vacías, remoliendo el silencio de las calles. perdiéndose en el oscuro camino de la noche. y las sombras. el eco de las sombras.

(pédro páramo)


-¿verdad que la noche está llena de pecados, justina?

- sí, susana.

- ¿y es verdad?

- debe serlo, susana.

- ¿y qué crees que es la vida, justina, sino un pecado? ¿no oyes? ¿no oyes como rechina la tierra?

- no, susana, no alcanzo a oír nada. mi suerte no es tan grande como la tuya.

- te asombrarías. te digo que te asombrarías de oír lo que yo oigo.

justina siguió poniendo orden en el cuarto. repasó una y otra vez la jerga sobre los tablones húmedos del piso. limpió el agua del florero roto. recogió las flores. puso los vidrios en el balde lleno de agua.

- ¿cuántos pájaros hasta matado en tu vida, justina?

- muchos, susana.

- ¿y no has sentido tristeza?

- entonces ¿qué esperas para morirte?

- la muerte, susana.

- si es nada más eso, ya vendrá. no te preocupes.

(pedro páramo)



la media luna estaba sola, en silencio. se caminaba con los pies descalzos; se hablaba en voz baja. enterraron a susana san juan y pocos en comala se enteraron. allá había feria. se jugaba a los gallos, se oía la música; los gritos de los borrachos y de las loterías. hasta acá llegaba la luz del pueblo, que parecía una aureola sobre el cielo gris. porque fueron días grises, tristes para la media luna. don pedro no hablaba. no salía de su cuarto. juró vengarse de comala:

- me cruzaré de brazos y comala se morirá de hambre.

y así lo hizo.

(pedro páramo)



los pies del hombre se hundieron en la arena, dejando una huella sin forma, como si fuera la pezuña de algún animal. treparon sobre las piedras, engarruñándose al sentir la inclinación de la subida, luego caminaron hacia arriba, buscando el horizonte.

(el hombre)


la madrugada estaba gris, llena de aire frío. bajó hacia el otro lado, resbalándose por el zacatal. soltó el machete que llevaba todavía apretado en la mano cuando el frío le entumeció las manos. lo dejó allí. lo vio brillar como un pedazo de culebra sin vida, entre las espigas secas.

el hombre bajó buscando el río, abriendo una nueva brecha entre el monte.

(el hombre)


“¡viva mi general petronila flores!”

nosotros nos miramos.

la perra se levantó despacio, quitó el cartucho a la carga de su carabina y se lo guardó en la bolsa de la camisa. después se arrimó a donde estaban “los cuatro” y les dijo: “síganme, muchachos, vamos a ver qué toritos toreamos!” los cuatro hermanos benavides se fueron detrás de él, agachados; solamente la perra iba bien tieso, asomando la mitad de su cuerpo flaco por encima de la cerca.

nosotros seguimos allí, sin movernos. estábamos alineados al pie del lienzo, tirados panza arriba, como iguanas calentándose al sol.

(el llano en llamas)

1 comentarios:

Aureliano N dijo...

Coincido con el tal Garcia Marquez respecto de incendiaria sensacion que provoca la primer lectura de estas dos piecitas de literatura. No hubo dos como Rulfo, un personaje. Aprendí "mexicano" leyendolo, no es broma.
El cuento que se llama "El Hombre" y algun otro cuyo titulo no me viene a la mente, abrieron ventanas en mi cabeza por donde asome la jeta. Creo que grite a traves; pero solo se escuchaba el rumor del viento en unas matas secas y el sol me daba de lleno en los ojos, cegandome. Algo me habia estallado a los pies. Era un disparo.
Es una obra para hacer correr, un par de libros infaltables que vale la pena compartir. Los mios los preste hace un par de meses y se que apenas lo recupere les voy a buscar otro destinatario. Como me paso con Justine, de Durrel, con Una vez en Europa, de Berger, o Retrato del Artista Cachorro de Dylan Thomas. Obras altamente inflamables y maravillosas.
Como sea, un abrazo Fran